Leída la primera parte del libro de Salinger solo puedo decirte que a determinados libros uno se debe acercar con prudencia puesto que no saldrá indemne de su lectura, ya no podrá ser el mismo…
En el relato inicial , “Levantad carpinteros la viga del tejado“, la boda que no llega a celebrarse, hay una elegancia que a mi me recuerda a esas canciones de jazz y beboop que aunque la orquesta estuviese bebida era correcta, y las parejas de baile no perdían el paso. Salinger me da algo de miedo , sus personajes asustan porque no son como uno espera que sea la gente, o dicho de otra manera, Salinger hace un coro de personajes tan “normales” agradables e identificables que luego las dudas, los reparos, las actitudes de sus protagonistas ( el eterno Holden Caulfield se me antoja el adolescente que fue Seymur, ya lo sé es una visión simplista, pero hoy no doy para más), se nos antojan complicadas , desconcertantes y siniestras, aunque solo se trate de cosas tan nimias como quitarse una camisa sudada, o subirse a un coche con varios extraños. Salinger logra inquietarnos , y no con un susto fácil ni una impresión momentánea.
En “Seymur: Una introducción” confieso que estoy agotándome, me he limitado a leer despacio, a mascar algunas frases, a intentar discernir cuando es Salinger y cuando no, ( en las presuntas notas del autor creo que nunca habla por si mismo, pero aún no he acabado la lectura), recurrir a los haikus, recurrir a un mundo interior tan claustrofóbico hace de la lectura un trabajo similar al del cazador oculto ( notese la intención de hacer un chascarrillo) debemos de ir poco a poco, o Salinger se nos escapará para siempre. Y es que al igual que al excepcional ojeador de caballos del cuento inicial, la mayoría solo veríamos al semental negro, jamás a la yegua baya.
Afortunadamente los asistentes al taller pudieron contar con la presencia de un guía excepcional, Chus Fernández, que brindó una jornada literaria inmensa a quienes tuvieron la suerte de participar .